
Relato de un genocidio
Texto en colaboración con @iriarodrgzcostas
H
ace 88 años aconteció un hito que marcaría el comienzo de uno de los episodios más sangrientos y traumáticos de la historia de la humanidad. El 30 de enero de 1933 el presidente alemán Hindenburg encargó a Adolf Hitler la formación de gobierno. Evidenciando, que el nazismo no ascendió al poder a través de un golpe de Estado, una conspiración, atentados terroristas o una guerra, sino que lo obtuvo legal y democráticamente.
Una vez al mando, los nazis instalaron progresivamente un régimen totalitario, marcado desde el inicio por el odio incondicional hacia los judíos, y en general hacia todos aquellos considerados Untermensch o “personas inferiores”. Asignación que recibían los considerados discapacitados (con problemas mentales, nacidos sordos, ciegos…) así como todos aquellos de raza no aria, entre ellos los romaníes o gitanos, minoría étnica con una población aproximada de 30.000 personas en Alemania. Supremacía presagiada por el propio canciller en muchas de las páginas de su obra Mein Kampf (Mi Lucha”), en las que se refiere a los mismos como “un parásito dentro de la nación”.
En 1933 se otorgó al Partido Nacional Socialista Obrero Alemán la oportunidad de pasar de la teoría a la práctica. Comenzó así una persecución en la que se sucedieron los malos tratos, los decretos orientados a la creación de guetos sociales, el boicot a los comercios judíos, el cese de los funcionarios de esta etnia, la prohibición de acceso a terrenos deportivos, etc. Estas medidas persecutorias culminaron en la conocida como “noche de los cristales rotos”. El 10 de noviembre de 1938 el jefe de la Gestapo, (policía del Estado) Heydrich, ordenó incendiar 2.000 sinagogas y la detención de unos 20.000 judíos. Se ascendió el primer escalón hacia los campos de concentración.

Monumento de los zapatos en Budapest que pretende recordar la barbarie acontecida en la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial.
Es también crucial señalar que el totalitarismo impartido por el nazismo ejerció un férreo control de la cultura. Con la radio como vehículo las consignas nazis procedieron a un “lavado de cerebro” global. Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich, resultó ser un virtuoso en el dominio de la información.

Goebbels junto a Hitler en 1933. Fotografía: La Vanguardia.
La censura se ejerció a través de un proceso de depuración literaria, artística y científica. Los libros considerados subversivos fueron quemados, más de 20.000 ardieron en la plaza de la Ópera de Berlín; a los grandes pintores, muchos de ellos pertenecientes al expresionismo alemán, se les vejó con la organización de la exposición denominada “Arte degenerado”, en la que se aunó el arte de vanguardia surgido a comienzos del siglo XX en la Alemania de la República de Weimar. Este estilo artístico denigrado buscaba la deformación de la realidad para expresarla de forma subjetiva, mostrando sentimientos y emociones trataron temas como la soledad, la muerte, el sexo o la miseria, con el fin de mostrar una visión trágica de la sociedad del momento.

Quema de libros. Fotografía: CordonPress. Recuperada de la revista Historia. National Geographic.

Exposición "Arte Degenerado". Fotografía: BBC News.
El proceso de depuración privó al mismo Einstein de su cátedra y lo forzó al exilio por su condición judía. Ni la ciencia, ni la prensa, ni el arte, eran ya actividades libres. Un pensamiento único y una sola verdad se instalaron en un país donde Hitler era la ley y Goebbels quien definía la cultura.
Pero sin duda, dentro del régimen, la nota más siniestra corresponde a la creación de los campos de concentración. Cada 27 de enero desde 2005, se conmemora la liberación por las tropas soviéticas del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz con el establecido como Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, pretexto que nos sirve para recordar el horror que constituyeron.
Es popularmente conocido que los campos de concentración fueron destino de judíos, pero también lo fueron de opositores políticos del régimen y de todos aquellos pertenecientes a colectivos sociales considerados indeseables, algunos ya mencionados.


Imágenes del campo de concentración y exterminio de Auschwitz.
El primer “campo de los horrores”, el de Dachau, se abrió en marzo de 1933, durante las primeras semanas del régimen, en un pueblo cercano a Múnich. Sin embargo, el exterminio programado de grupos humanos se definió posteriormente, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, concretamente en la Conferencia de Wannsee celebrada en 1942.


Imágenes del campo de concentración de Dachau.
Este sistema de detención fue un instrumento básico del Estado totalitario que sirvió como medio de sumisión a la población a través del pánico generalizado. Analizando la documentación y los estudios disponibles se han podido deducir los tres objetivos definitorios de los campos de concentración y exterminio. Primero, y como ya hemos señalado, crear un estado de terror indiscriminado.
Segundo, la aniquilación de judíos y de todos los seres humanos considerados inferiores a través de la llamada “solución final”, implantada en los campos de exterminio, centros diseñados para un genocidio. La consumación tomó diversas formas: fusilamientos, gaseos y un largo etcétera que provocaron la muerte de alrededor de seis millones de judíos, dos tercios de los residentes en Europa.
El primer centro de exterminio fue Chelmno, el más grande Auschwitz-Birkenau, en el que culminan las ambiciones nazis con el levantamiento de varias cámaras de gas en las que se generalizó el uso del ácido Zyklon B. Auschwitz es el más conocido y citado de los campos porque fue determinante en el desarrollo de la planeada “solución final”. Ubicado en Polonia, estaba formado por tres edificaciones, una de ellas destinada al exterminio, abiertas entre 1940 y 1942. Su dimensión es un reflejo de la barbarie que albergó, más de un millón de personas fallecieron entre sus muros. El régimen exterminó en total a unos seis millones de judíos, una sexta parte en Auschwitz, a donde llegaban con una frecuencia aterradora trenes cargados de prisioneros procedentes de diversos países europeos.

El Zyklon B era el nombre comercial de un pesticida a base de cianuro creado en Alemania en los años 20. Se seleccionó para la exterminación por ser el método de gaseo más rápido.
Desglose aproximado de deportaciones según los datos que maneja el United States Holocaust Memorial Museum

Hungría
426.000

Francia
69.000

Grecia
55.0000

Polonia
300.000

Países Bajos
60.000

Bohemia y Moravia
46.000

Eslovaquia
27.000
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Yugoslavia
10.000

Noruega
690

Bélgica
25.000

Italia
7.500
Otros
34.000
Por último, el tercero de los objetivos constituyentes de los campos fue realizar experimentos médicos en los que se alcanzó una crueldad desconocida hasta el momento. Un escalofrío me recorre el cuerpo ante el espanto que me atiza al leer el testimonio del Robert Waitz, superviviente de Auschwitz. Según las palabras de este prisionero que trabajó en la enfermería del campo, los detenidos adelgazaban quince, veinte y hasta treinta kilos, es decir, llegaban a perder entre un 30 y un 35% de su peso. El individuo consumía sus reservas de grasa, sus músculos, y entonces pasaba a convertirse, según el término clásico de los campos en “musulmán”. Se llegaba a ese estado cuando los músculos se derretían, cuando no había literalmente más que piel y hueso, ya solo era apreciable el esqueleto, concretamente las vértebras, las costillas y la cintura pelviana.

Imágenes pertenecientes a Auschwitz.
La decadencia física venía acompañada del deterioro intelectual y moral que se evidenciaba cuando ya no se intentaba luchar, cuando uno no se lavaba, cuando recogía la comida del suelo, la sopa caída en el fango, cuando se buscaba en la basura mondas de patata o cuando entre los musulmanes se disputaban los desperdicios. Se hacían arrancar los puentes y coronas de oro a cambio de un mínimo trozo de pan, el ser humano era retrotraído al más puro estado primitivo. El declive duraba de media unos seis meses, lo que aguantaba el cuerpo y la mente. Un oficial de las S.S llegó a decir: “Todo detenido que viva más de seis meses es un estafador, ya que vive a costa de sus compañeros”.
El sufrimiento vivido iba aún más allá con el apodado “ángel de la muerte”, o “ángel blanco” por su conducta cruel y fría, uno de los criminales nazis más sanguinarios de la historia. Josef Mengele se doctoró en Medicina en 1935, dos años más tarde se afilió al partido nazi. Él mismo pidió el traslado al campo de concentración de Auschwitz para poder realizar sus experimentos genéticos. En 1943 esta enorme cárcel de varios kilómetros de extensión retenía a unos 140.000 prisioneros. De todos ellos, los gemelos eran considerados el bien más valioso del encarnizado médico, unos 226 de entre dos y 18 años fueron sometidos a sus experimentos. Mengele adquirió su interés por los nacidos de partos múltiples a través del que fuera su mentor, el biólogo Verschuer, famoso por realizar ensayos con mellizos y gemelos con el objetivo de rastrear genéticamente el origen de muchas enfermedades. Junto a él Mengele investigó con los gemelos como sujetos de prueba, y en Auschwitz alcanzó la libertad total para llevar a cabo una amplia gama de experimentos. La búsqueda del secreto de los partos múltiples escondía la ambición de que las mujeres arias dieran a luz a multitud de niños de “raza pura”.

Mengele durante sus experimentos. Fotografía: Clarín.
Estos estudios fueron solo la punta del iceberg, es bien sabido por la historiografía que perpetró cuantiosas atrocidades. Su fascinación por la heterocromía, condición por la cual el iris del ser humano tiene diferente color, le llevó a inyectar una especie de tinte, llamado “azul metileno”, a niños arios de ojos marrones para conseguir que mudaran a una tonalidad azul. También fueron comunes prácticas de amputación para reimplantar miembros de unos niños a otros. Menos difundida fue su documentación sobre el avance del noma en los prisioneros, una infección de gangrena que destruye las membranas mucosas de la boca y otros tejidos.
Mengele avaló de forma firme la teoría racial impartida por el nacionalsocialismo y prueba de ello son sus participaciones en multitud de experimentos dirigidos a mostrar la falta de resistencia a diversas enfermedades entre judíos o romaníes. También intentó demostrar la “degeneración” de la sangre judía y gitana documentando rarezas físicas y recolectando partes del cuerpo y muestras de tejido.
Con estos datos, tan solo podemos llegar a hacernos una idea de lo que realmente padecieron las víctimas del nazismo. Cuando en 1945 se descubrieron los campos de concentración y exterminio, la humanidad comenzó a averiguar lo que estos revelaban, unas dimensiones del horror insospechadas. Millones de personas exterminadas por el régimen nazi. Con este post conmemoramos y recordamos a los y las reprimidas por el régimen del terror. “Si el eco de sus voces se desvanece, pereceremos”, Paul Eluard, poeta.

Prisioneros en Auschwitz.
Ellas en las letras

C
on el objetivo de reivindicar su legado y su obra, el 19 de octubre se celebra en nuestro país el día de las escritoras. Esta iniciativa, surgida hace ya cuatro años, busca conmemorar a las autoras discriminadas y condenadas al olvido. Con motivo de su V edición queremos recordar a algunas de esas mujeres relegadas por la historia.
El empleo de pseudónimos, firmar bajo el nombre de sus maridos o no reclamar la autoría de sus textos, fueron prácticas comunes en un pasado no muy lejano. Sus creaciones y ellas mismas fueron juzgadas en una época en la que aspirar a ser libre era un acto de valentía, quizá a veces lo siga siendo. Sus palabras son arte y ellas unas pioneras, sin embargo desconocemos sus nombres.
En los últimos años el papel de la mujer en la literatura se ha ensalzado a través de la puesta en marcha de diferentes iniciativas. Nuestra lengua también ha sido objeto de debate y su reforma una preocupación latente en el sector de la sociedad más progresista. Nos paramos a reflexionar un instante y concluimos con firmeza que nuestro lenguaje es obsoleto y retrógrado. Quizás os parezca un tanto absurdo decir “todes” o estéis hasta las narices de escuchar a los políticos introduciendo en sus discursos la flexión femenina y masculina de cada sustantivo empleado, pero lo cierto es que la forma reglamentaria del plural designa a menos de la mitad de la población, ¡menuda inclusión! Vamos todavía un poco más allá y caemos en la cuenta de que las profesiones tradicionalmente vinculadas al hombre no tienen flexión de género y ya ni mencionamos los insultos, machistas por doquier. La lengua refleja fielmente a la sociedad y la nuestra es un espejismo del sistema patriarcal que se muestra inflexible ante la evolución. ¿Exageradas?, ¿consideráis que no sois sexistas en vuestra forma de expresaros diariamente? Os animamos a deliberarlo un instante. ¿Cuándo van dos personas en la parte delantera de un vehículo uno es el copiloto, aunque se trate de una mujer? Los agravios que denotan debilidad, cobardía o aburrimiento ¿no se relacionan directamente con nosotras?, ¿habéis escuchado la expresión estar como una braga?, ¿o alguna similar? Ahí tenéis la respuesta.
El destierro de las literatas es un síntoma más de una enfermedad llamada machismo. En la colección de libros que albergan las estanterías de vuestras casas es probable que haya una mayoría de títulos firmados por hombres. Nada extraño ya que en el colegio estudiamos a los grandes escritores, los mismos que ocupan los emplazamientos preferentes de librerías y bibliotecas, ¿y ellas? La marginación de las escritoras también se evidencia en la Real Academia Española, organismo anclado en el pasado y de supremacía masculina, nunca presidido por una mujer y en el que tan solo ha habido 11 académicas de casi 500 sillones asignados desde su creación hace más de 300 años.
Es imposible en un mismo post recoger a todas las escritoras de las que nos gustaría hablar, por ello hoy nos centramos en las españolas de principios del siglo XX. Esta es solo una breve muestra de grandes mujeres que vivieron a la sombra de sus maridos o que nunca alcanzaron el reconocimiento que su obra merece.

Ilustración de Puala Bonet para la Feria del Libro de Madrid de 2018.
Sofía Casanova: (1861-1958)
Nació en Galicia pero su anhelo por explorar nuevos países la llevó a ser corresponsal de guerra en el extranjero. Tras comprometerse con un polaco se instala en Varsovia, ciudad que le servirá como fuente de inspiración. Cultivó géneros literarios diversos: poesía, novela, teatro, relatos de viajes y artículos periodísticos entre otros, siendo estos últimos lo más destacado de su carrera profesional.
En 1915 se convirtió en la primera mujer española cronista de guerra. Trabajando para el ABC cubrió la persecución de la población judía por el régimen nazi en Polonia y la Revolución rusa, teniendo la oportunidad de entrevistar en exclusiva a una de las personalidades más relevantes de aquel momento, León Trotski.
Concha Espina: (1869-1955)
Conocida también como Ana Coe Snichp, el más famoso de los cinco pseudónimos que llego a utilizar. Fue una escritora santanderina que perteneció a la generación del 98, aunque también se la sitúa en la del 27. Colaboró en diferentes periódicos y cultivó todos los géneros, además fue la organizadora de una tertulia semanal en su domicilio, a la que acudían miembros de las esferas burguesas e intelectuales madrileños del momento. Sus comienzos fueron en la poesía aunque su obra pertenece en su mayoría a la prosa, destacando las novelas que aúnan realismo, romanticismo, costumbrismo, modernismo y novela social.
La buena relación que mantuvo con la dictadura franquista y su afiliación a la sección femenina de la Falange hicieron que su obra fuera rechazada en la posterioridad. Al final la Guerra Civil, Espina completamente ciega, da un giro a su obra, que adopta un carácter tradicionalista y profundamente religioso.
El matrimonio que formó con el también escritor Ramón Gómez de la Serna alcanzó el éxito. Las obras de ella fueron traducidas a varios idiomas y se cotizaron tanto en Europa como en América. Fue propuesta para el Nobel de literatura en nueve ediciones y en tres de ellas quedó finalista, aunque nunca obtuvo el galardón. La Sociedad Hispánica de Nueva York, de la que fue vicepresidenta, le concedió la Medalla de Arte y Literatura. Con La esfinge maragata, en la que narra la vida de una mujer que se casa en contra de su voluntad, obtuvo el Premio Fastenrath, convirtiéndose en la primera mujer en obtenerlo. Cantabria quiso homenajearla cambiando el nombre del pueblo usado en sus novelas por el ficticio acuñado por Espina, Luzmel. Estos son solo algunos de los reconocimientos que obtuvo y sin embargo, la Real Academia Española la rechazó en dos ocasiones y no le otorgó ningún sillón.
María de la O Lejárraja: (1874-1974)
María se impregnó de las ideas vanguardistas de la Asociación para la enseñanza de la Mujer y adquirió una importante conciencia feminista y política, siendo diputada durante la II República con el Partido Socialista.
Al igual que otras creadoras del momento tuvo que esconderse tras el nombre de su marido, el escritor y dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, pseudónimo que mantuvo incluso después de finalizar su relación con este.
En su obra Una mujer por caminos de España relata su experiencia ejerciendo como docente en una escuela pública. Observa cómo su alumnado sobrevive en la más inmunda pobreza, lo que hará que se aproxime aún más al socialismo; dejándose contagiar por la conversación, el encuentro, el debate o el intercambio de vivencias que puedan propiciar un incremento del nivel cultural de las personas más desfavorecidas.
María Vinyals: (1875- desconocido)
Conocida como la Marquesa de Ayerbe y apodada “La Marquesa Roja” por sus ideas progresistas, fue una firme defensora de los derechos de las mujeres y una de las primeras en ingresar como miembro de la Real Academia Galega.
Antes de contraer matrimonio quemó sus escritos, siendo la única obra no destruida El castillo del Marqués de Mos en Sotomayor, publicada en 1904. Dedicó el resto de su vida a colaborar con diversas revistas madrileñas y americanas, plasmando su opinión sobre los temas debatidos en los círculos feministas, en los que coincidió con otras activistas como Emilia Pardo Bazán, María Barbeito Cerviño y Carmen de Burgos.
Zenobia Camprubí: (1887-1956)
Escritora y traductora de grandes obras se recuerda asiduamente como la esposa de Juan Ramón Jiménez. No obstante, fue mucho más que la sombra de su marido. Era una mujer adelantada a su época, hablaba varios idiomas, lideró iniciativas benéficas y se dedicó a la industria inmobiliaria y al negocio de antigüedades. Está además considerada una de las primeras feministas de España y fue miembro destacado del Lyceum Club Femenino.
Diarios de juventud es su primera obra, donde relata sus años en Estados Unidos, país al que se trasladó con su madre tras el divorcio de esta. Destacó en la poesía cultivando temáticas variopintas, también desarrolló la prosa con una narración sencilla en medio centenar de relatos conocidos.
Tras casarse su vida intelectual se centró en su marido, del que será secretaria, agente y traductora. Con en el inicio de la Guerra Civil ambos abandonan España para pasar una temporada en Cuba, tras la que se mudan a Estados Unidos, donde dio clases en la Universidad de Maryland. Más tarde se instalarán en Argentina para finalmente trasladarse a Puerto Rico, país en el que también trabajaría como profesora en la Universidad de Río Piedras.
Agustina González: (1891-1936)
Escritora, política progresista y feminista granadina. Una pensadora destacada, artista plástica y escritora de teatro y ensayo. González fue una de las primeras mujeres en pedir el voto femenino, siguiendo el ejemplo de las sufragistas inglesas. En 1933 se presentó a las Elecciones Generales por el Partido Entero Humanista, de ideario esotérico y de confianza en el ser humano.
Fue acuñada como “La Zapatera”, por su condición de hija de zapatero y por servir de inspiración a Federico García Lorca para la protagonista de su obra La zapatera prodigiosa, a quien también sirvió de ejemplo para el personaje de Amelia en La casa de Bernarda Alba, ya que Agustina utilizaba este nombre para firmar sus obras.
Para evitar ser castigada tras descubrirse que se vestía de hombre para acudir a lugares prohibidos a las mujeres alegó “locura social”, afirmación que la condenó a ser tratada de histeria y sometida a crueles tratamientos. Sus ideales le conllevaron el fusilamiento al comienzo de la Guerra Civil a manos de Juan Luis Trescastro, fascista también encargado de asesinar a Lorca, que proclamó haber matado a Agustina “por puta”.
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Concha Méndez: (1898-1986)
La madrileña fue conocida fundamentalmente por sus libros de poesía. Entre sus creaciones destaca El carbón y la rosa, publicada poco tiempo después del nacimiento de su primera y única hija, Isabel Paloma, a quien se la dedica. Esta obra estructurada en tres actos y un epílogo presenta un diseño escenográfico marcado por tres características fundamentales: la luz, el tamaño y el color. Es en palabras de la crítica Miranda Nieto “uno de los pocos logros artísticos dignos de incondicional elogio”.
Con el fin de la Guerra Civil se exilia en México, lo que desencadenó un injusto olvido que las distanció a ella y a su compañera, Magda Donato, de la historia del teatro español y de las recopilaciones dedicadas a las escritoras de este siglo. Ambas fueron las autoras que más obras publicaron y estrenaron para la infancia durante los años de preguerra.
Magda Donato: (1900-1966)
Destacó por su relación duradera con el teatro como autora, directora y crítica teatral. Su nombre real era Carmen Eva Nelken y fue muy popular por sus numerosas colaboraciones en los periódicos más prestigiosos de los años 20 y 30. Entre sus obras se encuentra una serie basada en los personajes Pipo y Pipa que Salvador Bartolozzi, su pareja y compañero de aventuras teatrales, dio a conocer en la revista Estampa.
Donato sintió desde su juventud una vocación literaria y teatral que enseguida la acercó al mundo de las tablas en sus diversas facetas: como autora de teatro infantil, adaptando comedias extranjeras de éxito, siendo crítica teatral, como actriz y como colaboradora de C. Rivas Cherif en varios grupos de arte.
María Teresa León: (1903-1988)
Se inició en el periodismo bajo los pseudónimos de María Teresa Goyri e Isabel Inghirami y a finales de los años 20 publicó su primera obra, Cuentos para soñar. Comenzó así una fructífera carrera literaria durante la que cultivó la novela, la biografía, los cuentos, el teatro, los guiones y los artículos periodísticos. Su compromiso político y la defensa de la cultura y los derechos de la mujer fueron sus temáticas predilectas.
Durante la guerra León, secretaria y una de las fundadoras de la Alianza de Escritores Antifascistas, recibió órdenes de proteger y desplazar algunas obras del Museo del Prado para protegerlas de los bombardeos alemanes. Con el fin del conflicto bélico vivió en el exilio junto a su amor Rafael Alberti. Primero en París, luego en Argentina y finalmente en Roma, ciudad en la que escribe Memoria de la melancolía, su obra más destacada, una crónica en la que recopila vivencias pasadas. Regresó a Madrid en 1977 junto a su marido, pero ya enferma del Alzheimer que había borrado su memoria.
Luisa Carnés: (1905-1964)
Escritora polifacética que trabajó a la vez de periodista, camarera y sombrerera. Nació en el seno de una familia obrera de la que sacará inspiración para sus obras. La falta de dinero para adquirir libros la llevó a cultivar la lectura en panfletos y folletones publicados en la prensa, acercándose a autores como Tolstoi y Dostoievski, cuya influencia se percibe en sus primeras publicaciones. De su trabajo en un salón de té nació su obra Tea Rooms. Mujeres obreras, novela en la que narra las miserias de un grupo de mujeres trabajadoras.
En su día fue reconocida como una de las narradoras más prometedoras del panorama nacional, pero su exilio tras la Guerra Civil la hizo caer en el olvido de la literatura española. Durante su destierro dirigió Mujeres Españolas, boletín de la Unión de Mujeres Españolas de México. Pasaron más de 60 años hasta que el historiador Antonio Plaza sacó a la luz parte de su obra. En 2002 se publicó la novela El eslabón perdido, en la que la autora aborda la vida de los republicanos exiliados.
Ernestina de Champourcín: (1905-1999)
Poeta poco leída y conocida, pero fundamental. Nació en el seno de una familia aristócrata, católica y tradicionalista, concordante con sus ideales monárquicos y liberal-conservadores. Publicó sus primeros poemas en revistas del momento y se unió al Lyceum Club Femenino con el fin de integrar a la mujer en la vida política, social y cultural del momento. Su poeta de referencia fue Juan Ramón Jiménez, a quien envió un ejemplar de su obra En silencio, a lo que no obtuvo respuesta. Más tarde conocerá al poeta y a su esposa en una fiesta y comenzará así la amistad entre ellos.
Durante la guerra realizó labores humanitarias y comenzó una novela en la que narraba las penalidades del conflicto, aunque no llegó a terminarla. La derrota republicana la hizo exiliarse junto a su marido, Juan José Domenchina, poeta y secretario personal de Manuel Azaña. Después de un breve tránsito por Francia, se establecen en México, donde la necesidad de ingresos económicos la lleva a trabajar como traductora e intérprete en conferencias internacionales, hasta que en 1952 publica Presencia a oscuras, retomando su quehacer poético después de una década de silencio. Esta obra marca el comienzo de una poesía religiosa, pasando del amor humano al amor divino. En 1972 regresa a España donde publica libros de carácter intimista y nostálgico.
Ernestina jamás aceptó ser una de las voces femeninas de la generación del 27, pues le parecía absurdo establecer distinciones por sexo. Su genialidad la llevó a ser nominada al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992.
Federica Montseny: (1905-1994)
Gracias a sus dotes de oratoria fue una de las dirigentes de la CNT y la primera mujer que obtuvo una cartera ministerial en nuestro país durante la II República. En su corto mandato como ministra de Sanidad y Asistencia Social impulsaría el primer proyecto de Ley de aborto, que se quedaría en el tintero hasta que las generaciones venideras lograsen su aprobación en el 2010, ochenta y cuatro años más tarde.
Monsteny se esforzó para que sus testimonios se convirtiesen en repositorios textuales de la memoria, presentando los hitos históricos más señalados de la época: la República y posterior Guerra Civil, la resistencia antifascista y la lucha anarquista. Rompió el silencio y habló de los miles de refugiados, que huyendo de las tropas franquistas, recorrían los caminos hasta Francia en busca de protección, con la posibilidad de ser cruelmente asesinados y ante un futuro incierto, como ella misma fue.
Vivió en Francia bajo libertad vigilada tras seguir perseguida por la policía nazi y franquista. Con la llegada de la democracia regresó a su país natal y continuó con su activismo. Durante su exilio fue también una pieza clave para el anarquismo y emprendió una campaña centrada en la descripción de los abusos del régimen dictatorial, recordando la otra cara de la moneda, “la otra historia de España”.
Concha Alós: (1926-2011)
El fin de la guerra en 1939 trajo consigo hambruna y represión. Alós se refugió en los libros para mantenerse a flote en un presente arduo y un futuro incierto. Entre medias contrajo matrimonio con un periodista y decidió probar suerte en la escritura, renunciando al papel de esposa ama de casa.
Tras su divorcio compuso el culmen de su trayectoria, Los enanos, obra por la que recibió el Premio Planeta, retirado después por un problema de derechos con la editorial. Años más tarde obtuvo por fin el galardón con Las Hogueras, convirtiéndose así en la única candidata en conseguir el premio en dos ocasiones.
En todas sus novelas la figura femenina se sitúa como eje central, hablando de ella como un sujeto que debe lidiar con causas políticas, económicas y sociales que la convierten en un ser inferior al hombre. Además, presenta en sus escritos la relevancia de la educación profesional de la mujer, promoviendo en los lectores una mayor sensibilidad y empatía hacia la misma.
Conocemos a sus amantes, a sus maridos, a sus mentores y las críticas más banales y crueles, pero las desconocemos a ellas y a su obra. Virginia Woolf dijo: “En la mayor parte de la historia, anónimo era una mujer”. Con este post esperamos haberos inspirado a sumergiros en las palabras de las grandes literatas olvidadas. Si os han cautivado igual que a nosotras y queréis profundizar más os animamos a leer el ensayo de Luna Miguel, El coloquio de las perras y el libro de Joanna Russ, Cómo acabar con la escritura de las mujeres, en el que reivindica el papel de las escritoras anglosajonas. El documental Las Sin Sombrero, de Ángeles Santos, es también una visualización de especial interés para conocer las magníficas plumas de la fructífera Generación del 27.
Ana Orantes, o número 59 do ano 1997
C
ada 25N saímos ás rúas para denunciar os múltiples tipos de violencia machista que se exercen sobre a muller a nivel global e co fin de demandar as políticas necesarias para a súa completa erradicación. Porén, o obxectivo desta data está claro, é algo que non muda desde o seu inicio en 1981, sen embargo, o número de vítimas desta problemática social, segue medrando a un ritmo exponencial.
Entre elas, poderíamos falar das tres mulleres dominicanas, contrarias á ditadura de Rafael Trujillo, coas que se lle deu nome a un loita que xa estaba acesa, as irmás Mirabal, Patria, Minerva e María Teresa, coloquialmente alcumadas como “Las tres Mariposas”.

Tamén, de Ana Orantes, que rompeu o seu silencio ao denunciar publicamente ao seu maltratador, logrando que a súa voz atravesara as canles televisivas de todo o Estado español. Ou daquela parella formada por Maruxa e Coralia que a diario se deixaba ver polas rúas da cidade de Compostela, contrarrestando o medo que se respiraba nunha Galiza presa do réxime franquista.

Poderíamos proseguir con historias igual de notábeis e certamente conmovedoras, pero a maioría, por desgraza, desvanecéronse no tempo. O corpo estremécesenos ao escoitar a certos partidos políticos negar o innegable, o que ademais de evidenciar a falta de interese en rachar cun mundo de inxustizas, tan só denota o doloroso da cuestión: pasar a ser un número. Un número ao que cada ano lle hai que engadir novas cifras.
Desde que se iniciou o reconto en 2003, as vítimas por violencia machista, segundo os datos facilitados polo Ministerio de Igualdade de España, ascenden a 1075, das cales unhas 42 se corresponden cos derradeiros doce meses. Durante este ano marcado pola pandemia derivada da Covid-19 o servizo telefónico de atención ás vítimas por violencia de xénero chegou a recibir máis de 70.700 denuncias.
A violencia machista non só se exerce sobre as mulleres, senón tamén sobre a infancia. Nos últimos catro anos, contabilizando a partires de 2017, foron asasinados no territorio español un total de 21 infantes. Malia todo, o esquecemento núbrase sobre eles nunha sociedade cunha visión puramente adultocéntrica. Tampouco se pensa naqueles que conseguen salvarse arrastrando as carencias afectivas e os traumas psicolóxicos que condicionan o seu desenvolvemento e a súa socialización futura.




Retomando ás mulleres do principio, e collendo como exemplo un hospital para a infancia que cambiou os números polos animais favoritos dos seus pacientes como signo de identificación, poderíamos dicir que todas elas elixiron como animal espiritual unha bolboreta, esa que o filme “El silencio de los corderos” representa á perfección. Mais en algunhas ocasións a ficción non dista moito do que vén sendo a realidade. E hai silencios similares ao de Ana Orantes que en canto se quebran, se converten no eco das demais.
O 4 de decembro de 1997, Ana Orantes acude ao programa “De tarde en tarde” (presentado por Irma Soriano e emitido naquela época en Canle Sur) para relatar abertamente todo o que sufrira ao longo de corenta anos. Foi vítima de malos tratos, tanto físicos como psicolóxicos, por parte do seu ex-marido, o mesmo que, trece días máis tarde, o 17 de decembro, acaba coa súa vida. José Parejo Avivar, a ex-parella de Ana, dirixiuse á casa na que aínda convivían xuntos, e propicioulle unha malleira ata deixala inconsciente. Logo, atouna a unha cadeira no patio da vivenda, bañouna en gasolina e prendeulle lume diante dun dos seus fillos, o cal era menor de idade.
Ana tiña 60 anos, foi a vítima número 59 que morreu a mans da súa parella ese ano. Un acto de valentía custoulle a vida, contou a súa experiencia para axudar a todas as mulleres que estiveran a vivir unha situación parecida. Lanzou unha mensaxe para todas as que non encontraban a saída ou as que pensaban que o seu era un caso illado: que non aguantaran tanto e tomasen cartas no asunto canto antes, porque ela agora estaba feliz.
Este é un anaco dos corenta minutos que estivo relatando en presencia dunha das súas fillas, a única da que o seu pai non abusou:
“Yo no sé hablar ni expresarme. Yo he estado cuarenta años sin acercarme a una ventana, he tenido que llevar los cuellos subidos hasta la barbilla y si me he acercado a la ventana ha sido para bajar la persiana. Si por casualidad pasaba un hombre y me miraba, porque he sido chitiquilla pero no he sido fea, ahora es cuando estoy fea, enferma y no valgo un duro, como él dice, pero he sido bonica y cuando han quedado mirándome y él me decía: ¿por qué te mira ese tío? ¿Te conoce? ¿Ya te has acostado con él?”
(...) “Le pedí perdón porque su padre le había pegado unas guantás por culpa mía y me escupió a la cara. Cuando viene la madre y el padre le cuenta lo que había pasado, ella le dijo que no se tenía que meter en nuestro matrimonio. Desde ahí ya no vinieron guantás, vinieron palizas. Yo no podía hablar, porque yo no sabía hablar, porque yo era una analfabeta, porque yo era un bulto, porque yo no valía un duro.”
(...) “Yo estaba embarazada. Él venía borracho, me daba una paliza porque estaba el vaso en un sitio y tenía que estar boca abajo o porque la silla estaba mal colocada.”
(...) “Me daba una paliza y al otro día estaba llorando pidiéndome perdón diciendo que no me iba a pegar más y lo creía, yo lo creía porque tenía once hijos y no tenía a dónde ir porque él me sacó de ver a mi familia.”
A morte dela supuxo un punto de inflexión na sociedade española: os medios de comunicación empezaron a incluír nas axendas informativas un tema que, ata ese momento, era considerado un asunto privado, un problema dentro da propia parella na que ninguén se podía meter nin pronunciar. A percepción da cidadanía sobre a violencia contra a muller cambiou. A realidade sobre a violencia machista entrou de cheo nas casas de todo o país, ninguén podía seguir ignorando un problema tan grave.
Nas décadas dos 80 e 90 comezárase a regular a separación por malos tratos e engadiuse o delito por violencia doméstica ao Código Penal, mais aínda non aparecía nas axendas políticas e mediáticas. Pero ese 17 de decembro de fai 23 anos foi un punto de inflexión. Tralo asasinato de Ana Orantes, a xente comezou a manifestarse ao son de “Ana somos todas”, realizáronselle homenaxes e as asociacións de mulleres fixeron públicas as súas críticas ao sistema xudicial e aos medios de comunicación.
Paso a paso. En 1999 eliminouse a necesidade dunha denuncia previa para perseguir a violencia machista e, ao diagnosticar a violencia como un problema estrutural, o Parlamento aprobou, anos despois, a lei Integral 1/2004. No 2007, o goberno aprobou a lei de Igualdade e creouse un teléfono de axuda contra o maltrato, o 016. Xa non só se tiñan en conta as medidas xudiciais á hora de enfrontarse a casos de violencia de xénero, senón que se falaba de prevención do maltrato. Nesa mesma liña foron outras medidas como a modificación dalgúns aspectos da lei educativa e o control dos anuncios publicitarios co fin de construír unha sociedade baseada na igualdade e na non violencia.

Semella que todo isto forma parte do pasado, que se esqueceu o acontecido fai máis de dúas décadas pero seguimos camiñando, con paso firme contra as desigualdades. A propia filla de Ana Orantes escribíalle unha carta a súa nai, publicada en El País a finais de decembro de 2017, na que lle transmitía o moito que desexaba poder contarlle canto se avanzou desde que xa non está, pero todo segue igual: os homes seguen matando e maltratando impunemente ás súas parellas, e os medios aínda dan voz a aqueles que destacan o bos veciños que eran, e a sociedade segue mantendo un sistema opresor para unha maioría, pero unha maioría xa non silenciada.
Gráficos e información de Ana Orantes cedidos por Sheyla Bermúdez Lista
Aprendiendo a caminar en días de lluvia

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La incertidumbre es nuestra nueva compañera de viaje y el futuro más próximo es incierto. Brevedad, falsedad y envidia marcan la sociedad de las relaciones efímeras y las amistades fugaces. Compradores compulsivos de simpleza y superficialidad en un mundo condenado a mudar a nuestro antojo y al ritmo marcado por los grandes poderes. Es el momento del cambio, no nos resignamos a aceptar las modas pasajeras y plantamos cara a la realidad para ir más allá. Aquí comienza nuestra andadura, un reto y una apuesta difícil a la que nos enfrentamos con entusiasmo y ambición.

CorreveIDile nació en un junio más lluvioso de lo habitual. A media mañana en la pequeña redacción de un periódico local esperan a las nuevas becarias. Una se adelanta y se entretiene ojeando la prensa diaria, mientras la otra se retrasa a la hora fijada, una primera impresión que no engaña. Una es impaciente y nerviosa, la otra tranquila e inquieta a partes iguales. Ambas complejas y muy diferentes pero con un vínculo que las une, germen de nuestro proyecto en común.
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